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Cine Español

Papá, soy una zombi

Harta de que las cosas le salgan mal, Dixie desea en voz alta morir. Tras despertar convertida en una zombi, descubre que el mundo de los muertos no es mucho más fácil que el de los vivos.

Dixie es una niña de 13 años apasionada por lo gótico. Le encanta maquillarse, vestirse de color negro y todo lo que tiene que ver con el mundo de los muertos. Además, para colmo, su padre se dedica al negocio de las pompas fúnebres. Sin embargo, aunque parece una adolescente confiada y segura de sí misma, la vida de Dixie no es nada fácil. Su madre les ha abandonado para cumplir su sueño de dedicarse a la botánica y Julia, su amiga de toda la vida, ha comenzado a alejarse de ella y apenas puede verla. Para colmo de males, el chico que le gusta parece no saber ni que la pequeña Dixie existe. ¡Todo le va mal! Sin embargo, un día Dixie se despierta convertida en una zombie y a partir de entonces empezará a ver las cosas de forma diferente. Ya no tiene que preocuparse por el instituto, ni por el chico que le gusta. Ahora tiene una misión muchísimo más importante que todas esas cosas de niña: luchar contra las fuerzas de la oscuridad.

Valoración: 4,225.

Papá, soy una zombi

FICHA

Título Original: Papá, soy una zombi.
Directores: Joan Espinach, Ricardo Ramón.
Guionista: Daniel Torres.
Reparto: Animación.
Productor: Alberto Gerrikabeitia.
Música: Manel Gil-Inglada.
Fotografía: Ricardo Ramón.
Montaje:
País Participante: España.
Año de Producción: 2011.
Duración: 80 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 7 años.
Género: Animación, Aventuras, Fantástica.
Estreno (España): 10 de febrero de 2012.
DVD (Venta): 30 de octubre de 2012.
Distribuidora (España): Barton Films.
Espectadores (España): 18.119.
Recaudación (España): 99.485,53 €.

Papá, soy una zombi

CRÍTICA

15-02-2012 – JOSU EGUREN

Una infancia gótica

Coproducción vasco-catalana candidata a los Premios Goya en una categoría, la de mejor película de animación, donde se medirá con la favorita en todas las quinielas, «Arrugas» (Ignacio Ferreras, 2011). Aún así suerte y besos a sus productores, amigos.

Dirigida por Ricardo Franco y Joan Espinach, ambos al frente del equipo de animadores de Digital Dream Films, estudio barcelonés en el que se gestó «Cher Ami» (Miquel Pujol, 2008), «Papá, soy una zombi» es, pese a su ridícula insistencia en el fraude cultural del doblaje -mal endémico alimentado por gobiernos de distinto signo-, un producto diseñado para alcanzar a un público global llamado a reconocer de inmediato sus fuentes de referencia timburtonianas, fuentes de las que se apropia con cierta modestia y reconociendo explícitamente la dificultad de explorar una temática que siempre va a estar asociada a los escenarios asimétricos de «La novia cadáver» (Tim Burton, Mike Johnson, 2005), «Frankenweenie» (Tim Burton, 2012) y «Los mundos de Coraline» (Henry Selick, 2009).

A favor de sus resultados en taquilla remará el rodillo del merchandising de «Monster High», aunque puede que en la sala la expectación de las fanáticas del fenómeno multimedia contraste con un caso de zombificación preadolescente con inclinaciones mucho más adultas que los amores veganos de Draculaura, Frankie Stein y Clawdeen.

La protagonista de «Papá, soy una zombi» es Dixie, una niña curiosa (hija de un prometedor ‘mad doctor’) que recorre accidentalmente un camino hacia un reino de ultratumba donde compartirá experiencias y aventuras con Isis y Gonner, apalancándose en un guión ameno y sencillo, e inevitablemente determinista, que desvela el interés de sus directores por recrear la atmósfera de empresas mayores mediante una planificación que está muy por encima de sus recursos económicos. Por último, hay que destacar la invaluable aportación de las notas de la banda sonora de Manel Gil al conjunto, y su no rendición al modelo disneyano contra el que se han estrellado tantas y tantas producciones españolas sin pasado, ni futuro.

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