Guardián y verdugo (2016)

En 1987, 164 personas que esperaban su destino en el corredor de la muerte de Pretoria, en Sudáfrica, fueron ejecutadas. En la prisión de máxima seguridad en la que se llevaba a cabo la sentencia trabajaba Leon Labuschagne (Garion Dowds), un guardia que, debido a los actos violentos que presenciaba y en los que participaba se encuentra traumatizado. La situación le llevará a enfrentarse a un juicio en el que su abogado, John Weber (Steve Coogan), no sólo pondrá en duda la pena de muerte, sino también a todo el sistema judicial del país.

Valoración: 6,775.


Guardián y verdugo (2016)

FICHA

Título Original: Shepherds and Butchers.
Director: Oliver Schmitz.
Guionista: Brian Cox.
Reparto: Steve Coogan, Robert Hobbs, Andrea Riseborough, Deon Lotz, Garion Dowds, Lauren Steyn, Carel Nel, Brett Williams, Nicola Hanekom.
Productores: Brian Cox, Anant Singh.
Musica: Paul Hepker.
Fotografía: Leah Striker.
Montaje: Megan Gill, Isabel Meier.
País Participante: Sudáfrica, Alemania, Estados Unidos.
Año de Producción: 2016.
Duración: 106 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 16 años.
Género: Drama.
Estreno (España): 12 de mayo de 2017.
DVD (Venta): 5 de octubre de 2017.
Distribuidora (España): Filmax.
Espectadores (España): 9.607.
Recaudación (España): 54.176,51 €.

Guardián y verdugo (2016)

CRÍTICA

14-05-2017 – JOSU EGUREN

El crimen institucional

Todo buen drama judicial atraviesa un momento límite en el que los argumentos de la defensa se tambalean para que, tras arduas averiguaciones, aparezca una prueba in extremis que refute la estrategia del ministerio fiscal. Es parte de un contrato pro forma al que no se siente obligado el guion de “Guardián y verdugo” ni un director que elabora su discurso siguiendo al dictado de una oratoria puramente televisiva que parte de la adaptación de una novela firmada por Chris Marnewick, exmiembro de la Corte Suprema sudafricana. En su lugar, “Guardián y verdugo” elige cuestionar la pena de muerte haciendo bandera de su causa a un joven guardia de prisiones, autor confeso de un múltiple asesinato a sangre fría.

Ahuyentada la posibilidad de descifrar un enigma, la narración se emplea en analizar las experiencias traumáticas a las que se ven sometidos los peones de una maquinaria del crimen institucionalizado que fue abolida en 1995, después de 4.200 ejecuciones. Oliver Schmitz nos hace testigos de las condiciones infrahumanas y angustiosas de los habitantes del corredor de la muerte a través de los ojos de uno de los funcionarios que los conduce al patíbulo, en un desafortunado juego de perspectivas que, sin pretenderlo, deshumaniza a los presos ahorcados en masa. No importa quién muere, como tampoco importa un acusado por el que la cámara no siente ninguna empatía, lo que redunda en la responsabilidad que recae sobre Steve Coogan, que en su faceta de actor serio se aplica con pulcritud y sobriedad extremas.

Más allá de los límites de la sala, Schmitz no cree oportuno invertir en acotaciones que pongan al espectador en el contexto de la realidad político-social, lo que reduce a “Guardián y verdugo” a la categoría de rudimentario mecanismo expositivo al servicio de la lectura de una sentencia basada en hechos reales.

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