Dieta mediterránea (2009)

Dieta mediterránea (2009)

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Sofía (Olivia Molina) nace prematuramente en una barbería, rodeada de hombres que necesitan un corte de pelo el mismo día de junio de 1968 en que Bob Kennedy es asesinado. Durante quince años, crece entre los fogones y las mesas de la casa de comidas de sus padres. Mujer trabajadora, ambiciosa e imprevisible, muy pronto se enamora de dos hombres: con Toni (Paco León), el yerno que toda madre querría tener, se casa y tiene tres hijos; con Frank (Alfonso Bassave), el representante que todo artista querría tener, descubre el secreto de la alta cocina. Con los dos llega a un acuerdo profesional y amoroso que revolucionará el mundo de la cocina. La historia de Sofía, la mejor cocinera del mundo, y de los dos hombres que la convirtieron en leyenda.

FICHA

Tí­tulo original: Dieta mediterránea.
Director: Joaquín Oristrell.
Guionistas: Yolanda García Serrano, Joaquín Oristrell.
Reparto: Paco León, Olivia Molina, Alfonso Bassave, Carmen Balagué, Roberto Álvarez, Jesús Castejón, Jordi Martínez, Stefano Scandaletti.
Productores: Marta Esteban, Gerardo Herrero.
Música: Josep Mas, Salvador Niebla.
Fotografí­a: Albert Pascual.
Montaje: Aixalà, Domi Parra.
Paí­s participante: España.
Año de producción: 2009.
Duración: 100 minutos.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.
Género: Comedia.
Estreno (España): 6 de febrero de 2009.
DVD (Venta): 26 de agosto de 2009.
Distribuidora (España): Alta Films.
Espectadores (España): 118.977.
Recaudación (España): 681.710,60 €.

COMENTARIO

Olivia Molina es el vértice del triángulo amoroso que completan Paco León y Alfonso Bassave en esta comedia culinaria donde la primera es algo así como ‘la mejor cocinera del mundo’, el segundo su marido y el tercero, el representante que la ha convertido en estrella, además de su amante, claro. Un film de Joaquín Oristrell, coescrito por Yolanda García Serrano que culmina con una escena final en la que se puede distinguir a nuestro jefe de redacción disfrazado de cocinero. (Anuario Fotogramas 2010).

CRÍTICA

08-02-2009 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Amores entre pucheros

Una especie de reina de los fogones, dos pretendientes contrapuestos y una revolución en el mundo de la cocina a lo largo y ancho de muchos años, son los ingredientes fundamentales de Dieta mediterránea: Agradable comedia costumbrista de Joaquín Oristrell, tras Va a ser que nadie es perfecto (2006). Típico enredo a tres bandas, tan ameno como relajante, en sintonía con otras películas del mismo estilo que de un tiempo a esta parte se han estrenado entre nosotros. Títulos encargados de visualizar argumentos enmarcados en el fenómeno gastronómico, la nueva cocina internacional y sus prestigiosos restauradores o gurús. Comedias como Comer, beber, amar (Ang Lee, 1994), El chef enamorado (Nana Dzhordzhadze, 1996) o Deliciosa Martha (Sandra Nettelbeck, 2001), entre otras.

Sin embargo, dentro del cine español no abundan los filmes dedicados al buen yantar, quizás por culpa de una triste herencia proveniente de los llamados ‘años de hambre’, de las cartillas de racionamiento, residuo de la infausta Guerra Civil. Sea como fuere, el caso es que parece existir un cierto reparo entre nuestros realizadores ya veteranos a la hora de abordar dicho asunto, con la excepción del propio Joaquín Oristrell, que ya en la teleserie Platos rotos (1985), hacía como guionista sus pinitos culinarios; o el mimo Manuel Gómez Pereira, con Salsa rosa (1992).

De manera que Dieta mediterránea se puede considerar una novedad al respecto y donde, una vez más, el secreto está en la salsa, condimentada por Oristrell a base de un reconfortante sentido del humor, al tiempo que sabe extraer todo su jugo interpretativo a un reparto aliñado con buen gusto, sobre todo en relación con la sobria actuación del todoterreno Roberto Álvarez, metido en la piel de Ramón, el padre de la protagonista, dentro de una anécdota distendida, sin mayores complicaciones, trufada de sabrosos homenajes a Truffaut, propios de quien sabe degustar como se merece la buena comida, el arte culinario y el sabor propio de los platos sencillos.

26-08-2009 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

La reina de los fogones

Tiene su gracia esta amena comedia de enredo, aliñada con salsa picante y un humor de buena ley, en la que vemos los rifirrafes sentimentales de un peculiar triángulo amoroso a lo largo de 40 años. Y, como no podía ser de otro modo, su ‘cocinillas’, Joaquín Oristrell, autor de ¿De qué se ríen las mujeres? (1997), escancia un pizca de hiel en un conjunto tan chispeante como sabroso. Además, la presencia de una seductora Olivia Molina como reina de los fogones, añade ironía a la historia, salpimentada con un desopilante canto al amor libre de prejuicios, con lo cual miel sobre hojuelas. Albricias por esta provechosa Dieta mediterránea que aboga asimismo por la buena comida y la igualdad civil.

Si bien es cierto que, como aseguraba el castizo, también se puede sacar el justo partido a un plato tan humilde como el llamado de ‘Sobremesa’… realizado con las sobras del mes. Sea como sea, el buen yantar y la alegría de vivir están presentes en esta provechosa película, filmada por Oristrell con su habitual tono humorístico, en la que se insertan con armonía la comedia romántica y una dieta, merecedora de convertirse en patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Porque la película rezuma vida por todos sus poros, dibuja personajes verosímiles, de carne y hueso, y se ve con una sonrisa en los labios.

Que valía la pena hacer una comedia como ésta, creo que no cabe duda, sobre todo en estos tiempos en los que la saludable cocina española se promociona por doquier. Así pues, estamos ante un esfuerzo creativo modesto pero atractivo, en sintonía con Comer, beber, amar, El festín de Babette o El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, sin que en ningún momento dicha relación resulte impostada. Por si fuera poco, Dieta mediterránea contiene las dosis suficientes de frescura como para sacar provecho de la moraleja que ofrece: El único modo de acceder a cierta felicidad es dejar de querer ser otra persona, abandonar el indigesto mundo de los sueños imposibles y comenzar a asumir la realidad.

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